Sesenta, noventa

Esa es la diferencia que tenemos mi hija y yo con mi abuela, o debería decir que teníamos porque hoy ha fallecido.

Siempre fuiste una luchadora, tenías unas pelotas como dos bolas de billar, siempre te aferraste a la vida, tenías algo por lo que seguir: tu hija, tu nieto, tu bisnieta. Enterraste a tu marido, tu hija y tu yerno, tus dos hermanos y cuidaste de tu nieto y de tu bisnieta hasta que tu derrotado cuerpo ya no pudo más.

Descansa en paz abuela, te lo has ganado, noventa y siete años peleando son muchos, no sé si te he dicho lo mucho que te he querido, y creo que nunca te he dado suficientemente las gracias por cómo has estado ahí conmigo, al pie del cañón, desde que me ibas a buscar al colegio hasta cuando acunabas entre tus brazos a mi hija.

Una trilogía se ha cerrado, y ahora salvo por los que me quieren me siento algo más sólo.

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