Volver a entrenar

Hace un par de semanas, de la mano de una de esas personas que, con el paso de los años ha estado siempre ahi, apoyándome en los momentos más raros y difíciles, volví a cruzar las puertas del dojo para volver a entrenar. Habían pasado más de 5 años desde que crucé esas puertas por última vez, si bien todo parecia igual, nada había cambiado demasiado, yo sí que notaba muchos cambios en mi interior.

No sé si esos cambios son buenos o no, pero lo que es evidente es que aquella persona que recogió su bogu una tarde de curso y al día siguiente ya no volvió, es distinta al que escribe hoy.

Durante todo este tiempo he añorado mucho el kendo, y en muchas ocasiones se ha cruzado por mi cabeza volver a sujetar el shinai, pero finalmente los astros se han alineado para que sea ahora.

Z-Madrid en Venezia, octubre 2008-fd0100

Mis sensaciones son francamente raras, una de las cosas que tiene cuaquier práctica marcial o incluso deportiva es que es muy poco agradecida, tardas mucho en subir un peldaño y muy poco en caerte por las escaleras y volver al punto de partida. Yo me encuentro en ese punto tan desagrabable de que tu quieres realizar ciertas técnicas pero tu cuerpo , la memoria muscular que hace que seas una millonésima parte más rápido que tu oponente se ha ido, estará de vacaciones en un lugar mejor que a mi lado. Eso no ocurre con los defectos que has adquirido a lo largo de los años, esos nunca se van. En fin, por eso el kendo es el “camino de la espada”, yo vuelvo a estar en el camino, aunque sea muy al principio. Y esta vez no pienso dejarlo por nada del mundo, porque a fin de cuentas en kendo está por encima de todo.